Hace tiempo que no escribía aquí...
Me ha llegado un airecito de musa, en la tristeza de ver las noticias sobre el terremoto doble, he juntado leyendas, con realidad geográfica, eco popular caraqueño y me salió esto:
El gigante que cuida Caracas
Dicen que las montañas también tienen corazón. Que algunas, cuando aman profundamente un lugar, deciden quedarse para siempre.
Por eso el Ávila ¡Waraira Repano! nunca se mueve.
Cada amanecer despierta antes que la ciudad. Observa cómo Caracas enciende sus luces, cómo los niños van a la escuela, cómo las familias vuelven a casa y cómo, incluso en los días más difíciles, la vida sigue latiendo entre sus calles.
Desde hace siglos permanece allí, inmenso y silencioso, como un gigante de piedra que abraza a Caracas con su sombra.
A sus espaldas está La Guaira, donde el mar besa la montaña todos los días. Hay quienes dicen, con cariño, que el gigante mira más al valle que al océano, y que por eso la costa siempre parece llevar la parte más difícil cuando llegan las lluvias, los deslaves o las tormentas.
Pero la verdad es otra.
No es que el gigante haya olvidado a La Guaira. Es que su espalda es la más empinada, la más valiente, la que recibe primero la fuerza del Caribe. Allí la montaña soporta el golpe del viento, de la lluvia y de los ríos que bajan con furia, para que el valle pueda respirar un poco más tranquilo.
Quizás por eso Caracas duerme a sus pies, mientras La Guaira descansa sobre sus hombros.
Una recibe su mirada.
La otra carga su fuerza.
Y aunque a veces la costa sufra más de lo que merece, el gigante nunca deja de sostenerla.
Porque un guardián no protege solo con los ojos.
También protege con la espalda.
Y así, entre el valle y el mar, permanece inmóvil desde hace siglos, recordándonos que hay lugares que no solo se habitan… también nos cuidan.
— Erika Bautista 🐺🐾

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